LA CONSTRUCCIÓN TEÓRICA DE LA CIENCIA DE LA MEDIACIÓN A PARTIR DE LOS MODELOS INSTRUMENTALES EXISTENTES - Institituto de Mediación
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LA CONSTRUCCIÓN TEÓRICA DE LA CIENCIA DE LA MEDIACIÓN A PARTIR DE LOS MODELOS INSTRUMENTALES EXISTENTES



LA CONSTRUCCIÓN TEÓRICA DE LA CIENCIA DE LA MEDIACIÓN A PARTIR DE LOS MODELOS INSTRUMENTALES EXISTENTES

LA CONSTRUCCIÓN TEÓRICA DE LA CIENCIA DE LA MEDIACIÓN A PARTIR

DE LOS MODELOS INSTRUMENTALES EXISTENTES

Laura Isabel Quiroz Colossio[i]

Resumen. El presente capítulo tiene como objeto presentar una breve historia de la mediación, la forma en que ésta se describe en su modo tradicional y revisar los modelos de mediación más comúnmente utilizados, tales como la mediación lineal o de Harvard, la transformativa, la circular narrativa y la asociativa, considerados como los cuatro principales modelos de mediación instrumentados en la resolución de conflictos contemporánea. Se describe la concepción o la fundamentación, la estructura y la dinámica del proceso y los alcances; así como, que todos los modelos en mayor o menor mediad, buscan que las partes crezcan como personas, desarrollen habilidades, aprendan a dialogar y piensen en el otro con respeto y consideración, para abonar al cambio social.

Palabras clave. Mediación, Conflicto, Mediación transformativa, Mediación Asociativa, Mediación circular  narrativa, Cambio social.

 

Keywords. Mediation,

Sumario. 1. Breve historia de la mediación; 2. Finalidades de la mediación; 3. Modelos de Mediación; 3.1 Mediación Lineal o de Harvard; 3.2 Mediación Transformativa; 3.3 Mediación Circular Narrativa; 3.4 Mediación Asociativa; 4. La mediación como instrumento de cambio social.

 

  1. Breve historia de la mediación.

El desarrollo de la humanidad ha estado tocado transversalmente por la diversidad debido a la gama de comportamientos que las personas poseemos y expresamos tales como ideas, preferencias, necesidades, intereses, cultura, raza, color, religión, etcétera; y, aunque con igualdad de condición humana, esa diversidad se ha convertido en diferencias que nos han servido para unirnos o para ser excluidos o señalados, incluso rechazados de grupos. Entonces, en la búsqueda de sentirse aceptado y perteneciente a un grupo, pero a la vez deseando que los demás se apeguen a sus ideas, satisfagan sus preferencias, necesidades e intereses y respeten su cultura, es que, paradójicamente, se logran generar los conflictos con los demás.

Para atender lo anterior, el ser humano se ha encargado de hacer leyes, tratados, convenciones o declaraciones nacionales e internacionales, para intentar vivir en concordia, protegerse, proteger a sus familias, los menores, los ancianos, los desvalidos; sin embargo, no ha logrado regular ni acordar sobre esas diferencias o diversidad, ni consigo mismo ni con quienes le rodean, por lo que ahora nos encontramos ante un mundo convulso, con irrespeto a los derechos de los demás y en franca posibilidad de no lograr resolver los conflictos si no es con ayuda de un tercero, llámese persona o instancia, que dicte, sugiera u oriente hacia un acuerdo benéfico.

Según Scheller (en Pesqueira y Ortiz, 2010:120) el ser humano posee esencias puras como la fraternidad y la bondad, que al ser irracionales y alógicas, son valores;  es valioso, con capacidad de amar y procurarse felicidad, pero dependiendo del proceso de formación, será su jerarquización de valores y comportamiento futuro, es decir, posee la capacidad y en la medida en que quienes le rodean y el medio ambiente en que se desenvuelve le hagan generar sentimientos y emociones positivas, lograr trascender a su Yo y ser honesto, modesto, colectivo, cívico y dispuesto a la lucha por la causa común, es que reflejará su nobleza de sentimientos (Frolov, en Pesqueira y Ortiz, 2010:126).

En el diario transitar de cómo resolver los conflictos de la mejor manera y como resultado principalmente de teorías filosóficas, psicológicas, sistémicas, de las ciencias de la comunicación, el construccionismo social y otras, las personas e instituciones han puesto en práctica varios mecanismos para ayudar a otros a solucionar sus diferencias, llegar a acuerdos y, de ser posible, mejorar las relaciones.  Uno de estos mecanismos es la mediación, que a decir de Moore (1995) es un proceso voluntario que consiste esencialmente en la intervención de un tercero neutro e imparcial que conoce los procedimientos eficaces de negociación y puede ayudar a la gente en conflicto a coordinar sus actividades y ser más eficaz en su pugna. Ese tercero es denominado mediador, que en los inicios de la práctica, en la era contemporánea, tenía como rol inaugurar los canales de comunicación, legitimar a las partes, facilitar el proceso, multiplicar los recursos de las partes, explorar los problemas, ser agente de realidad, entre otras (Moore; 1995:50-51).

La historia de la mediación se remonta a más de dos milenios, desde la Biblia se afirma que Jesús fue un mediador entre Dios y los hombres, y también otras religiones mencionan a sus profetas como tal. Así, las instituciones como la Iglesia Católica en el Renacimiento mediaron en la sociedad occidental, en las disputas familiares, casos penales y diplomáticos de la nobleza; los tribunales judíos hicieron lo propio para proteger su identidad cultural a través de un medio formal de resolución de conflictos. Posteriormente, los mediadores fueron asumiendo nuevos roles más formales y seculares con la conformación de los Estados-Naciones. En cuanto a la cultura, la mediación no es exclusiva de los pueblos occidentales, existen registros de su práctica en Oriente donde la religión y la filosofía daban suma importancia al consenso social, a la persuasión moral y a la obtención de equilibrio y armonía en las relaciones humanas. En América Latina, África y varios países de otros continentes también se tiene informe de la resolución de sus diferencias a través de la mediación (Felsteneir y Williams, 1978; Mayers, 1985 y Brown en Moore, 1995).

En general, la mediación se ha practicado desde tiempos inmemoriales, tal vez con procedimientos informales y con un rol del mediador que no buscaba ni el crecimiento moral, ni la transformación o la asociación, pero sí resolver conflictos. Sin embargo, dados sus resultados, a inicios del S. XX en Estados Unidos se institucionaliza la práctica de la mediación sobre todo para resolver conflictos entre patrones y obreros. Posteriormente se ha venido legislando para atender conflictos comunitarios, raciales, familiares, organizacionales, entre otros. Pero es a partir de la década de los sesentas cuando tiene su auge también para conflictos escolares y por medio del sistema de justicia penal para atender conflictos en prisiones, negociaciones con rehenes y atención de quejas. En Argentina se institucionaliza su aplicación en 1992 (Suáres, 2002) y en México, empieza su práctica formal en 1998.

Sin embargo, donde su práctica ha sido quizá más detonada es en los juzgados de lo familiar, en casos que tienen que ver con divorcio, manutención, tenencia de los hijos, herencias, violencia familiar, donde las partes han de acudir antes que al Juez, para intentar dirimir sus diferencias por esta vía de amigable composición.

De esta forma, la mediación ha llegado a constituirse como una importante manera de arreglar los conflictos, que para Baruch y Folger (2000) son potencialmente transformadores, sin que haya tanto daño y con la oportunidad de que sean las mismas partes las que construyan su acuerdo, que de preferencia tendría que ser mutuamente benéfico para garantizar en alguna medida su cumplimiento (Pesqueira y Ortiz, 2010).

  1. Finalidad de la mediación

Los mediadores, según el tipo de conflicto y el abordaje requerido para lograr un buen resultado, sea en la familia, la comunidad, la escuela, el juzgado o cualquier otra instancia, se adhieren o practican diversos modelos de mediación. Los principales modelos instrumentados y que se describirán sintéticamente en este capítulo son el Lineal o de Harvard, el Transformativo, el Circular narrativo y el Asociativo. Para dar un orden a la descripción iniciaremos con las finalidades de la mediación en general y de cada modelo en particular.

Si tuviéramos que hablar de la finalidad de la mediación en términos generales, diríamos que es la oportunidad para que las partes en conflicto, orientadas por un tercero neutro e imparcial, de forma voluntaria construyan por sí mismas la solución pacífica al mismo, facilitando la comunicación entre ellas y con sus propios recursos acuerden aquello que puedan cumplir, que les beneficie a todos y adquieran aprendizaje para enfrentar nuevos escenarios; sin embargo, esta finalidad puede cambiar según el conflicto que se esté abordando porque el enfoque del conflicto condiciona la forma de intervención (Nató y Rojas 2008:23), la intención del resultado deseado por alguna de las partes con más poder y, en última instancia, el modelo aplicado. Una vez delimitada la finalidad general, vale la pena transitar por otras finalidades que en su momento han tenido particularmente algunas formas de mediación.

 

La mediación como proceso, en cada uno de los cuatro modelos que abordaremos, además una concepción o fundamentación, tiene algunas características que hace que se distingan unos modelos de otros y en cuanto a la forma de practicarse, sigue una estructura de pasos y objetivos a lograr. Los mediadores, según el modelo, actúan bajo ciertos principios además de los tradicionales, tanto del proceso como de su propio rol, y desarrollan y aplican habilidades, técnicas y estrategias diferentes para lograr que las partes construyan la solución a su conflicto. Lo que es común a todos los modelos es que ningún mediador está autorizado para sugerir u ordenar la solución a un conflicto.

Para iniciar la descripción de cada modelo, seguiremos una especie de continuo que coincide con la temporalidad en que se crea o nace el modelo y con la aportación que cada uno hace a la resolución de conflictos, es decir, desde el solo acudir para encontrar un acuerdo hasta el propiciar, además de lograr ese acuerdo, el crecimiento personal.

  1. Modelos de mediación

3.1 Modelo de Negociación según principios desarrollado en el Proyecto de Negociación de Harvard. Este modelo nace en la década de los setentas en la Universidad de Harvard, sus creadores son Roger Fisher, William Ury, -ambos pertenecientes a la Escuela de Derecho-, y Bruce Patton, quien apoyó a dar orden al método y a los capítulos de su obra escrita que se puede encontrar en castellano en los libros Obtenga el $í, el arte de negociar sin ceder o Sí… ¡de acuerdo! Cómo negociar sin ceder y otras obras.

Este modelo consta de un método que sugiere a las partes resolver los problemas según sus ventajas en lugar de regatear desde sus posiciones. Busca lograr preferentemente que las ventajas sean mutuas, basadas en un criterio justo e independiente a la voluntad de las partes y respetando los derechos de unos y otros. El por qué se incluye un método de negociación como una de las formas más populares de resolver conflictos es porque puede existir un tercero neutro e imparcial que oriente para resolverlo mediante el método de principios, es decir, atendiendo a los cuatros puntos y siguiendo sus tres etapas, a lo cual se le llama proceso de negociación asistida.

 

Al inicio, el modelo separa el proceso en dos grandes esferas: el problema y el método; hace también que tanto las partes en conflicto como el negociador que asiste o mediador consideren algunos aspectos importantes como hacer que se logren las mejores alternativas de acuerdo negociado, analizar qué sucedería si una de las partes no entra en el juego o juega sucio. Parte de tres premisas: conducir a un acuerdo sensato si éste es posible, ser eficiente y mejorar o al menos no deteriorar la relación entre las partes.

Uno de los aspectos más importantes de este modelo es la discusión sobre las posiciones, porque señala que entre más se negocia con base en ellas más se corre el riesgo de producir acuerdos insensatos, se dedica menos atención a satisfacer intereses y preocupaciones de las partes, se crean retardos en el acuerdo, se pone en peligro la relación y entre más partes en conflicto haya, la negociación será más difícil porque tienden a formarse coaliciones por quienes poseen posiciones comunes y con intereses más simbólicos que de fondo.

Los cuatro puntos que considera este proceso de negociación son:

Las personas. Considera que los seres humanos somos emotivos y con frecuencia percibimos muy diferente a quienes nos rodean, lo que provoca problemas de comunicación clara y precisa, dando como resultado posicionamientos personales que acentúan el problema. Por ello, considera vital separar a las personas del problema.

Los intereses. Propone superar lo inconveniente de concentrarse en posiciones personales y abocarse mejor a buscar el objeto de la negociación, que es satisfacer los intereses subyacentes de tal forma que el acuerdo producido atienda efectivamente las necesidades que hicieron que las personas adoptaran ciertas posiciones.

Las opciones: Responde a la dificultad de las partes para encontrar las soluciones óptimas bajo presión, porque la presencia del adversario contribuye a estrechar la visión. Por ello es importante considerar y reservar un tiempo en el cual puedan generarse posibles soluciones que favorezcan los intereses compartidos y los concilien creativamente.

 

El criterio. Cuida que los acuerdos no sean producto de la terquedad o sean arbitrarios, cuando los intereses son directamente opuestos entre las partes. Entonces, el negociador o mediador debe buscar que se refleje un criterio justo y objetivo en el acuerdo, que además ayuda a que las partes sientan que no cedieron una frente a la otra, sino que lograron una decisión justa para ambas.

En relación con el proceso de este modelo, consta de tres etapas en las que se cuida que los cuatro puntos anteriores se den y, en las cuales se consideran los tres aspectos que Ury y Fisher consideran son la clave de la relación entre las personas: las percepciones, las emociones y la comunicación. Las etapas son el análisis, la planeación y la discusión y se describen enseguida.

El análisis. Durante esta etapa se busca realizar un diagnóstico de la situación, se recoge información y se reflexiona sobre ella. El problema se “humaniza” analizándolo desde las percepciones sesgadas, las emociones hostiles, la comunicación confusa; aunque también se identifican los intereses de las partes, sus opciones ya propuestas sobre acuerdos y los criterios sugeridos con anterioridad como base para acordar.

La planeación. Sin dejar de ocuparse de los cuatro puntos, el negociador o mediador trabaja con las partes sobre la generación de nuevas ideas y decisiones o a buscar respuesta a cuestionamientos sobre cómo manejar el problema, qué intereses son los más importantes, cuáles son objetivos realistas.

Discusión. Es de suponerse que para llegar a esta etapa, las partes ya deben estar comunicándose y buscando acuerdos. Para ello, retomar los cuatro puntos es muy útil para guiar hacia el acuerdo. Existe más apertura para comprender las percepciones y sentimientos del otro, para comunicarse y entender sus intereses.

Este modelo considera varias situaciones que los negociadores, asistidos o no, deben tomar en cuenta; por ejemplo, hace hincapié en el desequilibrio de poder y advierte que no puede garantizar el éxito si una de las partes es más poderosa, más rica, mejor relacionada, etcétera, que la otra; además, este desequilibrio hace que hablar de intereses, opciones y criterios sea más difícil y es entonces cuando la parte menos fuerte debe preguntarse qué o cómo hacer si no está obteniendo lo que desea, cómo obtener algo mejor de lo que podría lograr si no negocia, es decir, debe trabajar junto con el negociador y la otra parte para encontrar su Mejor Alternativa a un Acuerdo Negociado, su MAAN.

En conclusión, este tipo de negociación asistida basada en principios y no en posiciones, se concentra en los intereses básicos de las partes, en la búsqueda de opciones de acuerdo mutuamente satisfactorias tomadas con base en criterios justos que generalmente producen acuerdos prudentes. Tiene como valor agregado que las personas logran comunicarse entre sí, hacerlo de forma directa y empática, lo que posibilita en gran medida un acuerdo amistoso. Es importante resaltar que no busca la preservación de las relaciones entre las partes, sino que se logre un acuerdo que en la medida de lo posible no los enemiste y sí sea benéfico para todas las partes.

3.2 Modelo de mediación transformativa de Robert A. Baruch Bush y Joseph P. Folger. A finales de la década de los años sesentas, en Estados Unidos se concentra la atención en dos áreas en las cuales la resolución de conflictos podría darse a través de la mediación, misma que se venía utilizando para resolver disputas laborales. Se pensó que podría ser muy útil para los líderes cívicos y los funcionarios del sistema judicial para atender conflictos urbanos. Posteriormente y dados sus buenos resultados, su aplicación se amplió a abordar conflictos sobre divorcio, comunidad, en cárceles, escuelas y hospitales.

En ese entonces, la mediación era concebida como “un proceso informal en que un tercero neutral, sin poder para imponer una resolución, ayuda a partes en disputa a alcanzar un arreglo mutuamente aceptable” (Baruch y Folger; 1996:20-12); sin embargo, al aplicarse en otros campos, es considerada como un proceso con un enorme potencial para transformar a las personas, que más allá de lograr un acuerdo, propicia en esa transformación crecimiento moral, que para darse es necesario generar dos efectos importantes en las personas: la revalorización y el reconocimiento. Así, la meta de este movimiento es el crecimiento moral en procura de la fuerza y compasión (Baruch y Folger; 1996:59).

Los autores, en su obra La promesa de mediación: cómo afrontar el conflicto a través del fortalecimiento propio y el reconocimiento de los otros (1996), presentan un análisis de cuatro historias de mediación: de la satisfacción, de la justicia social, de la transformación y de la opresión; en este análisis deducen que la historia o modelo apropiado para conducir a las personas a lograr además de un buen arreglo, pueda significar la esperanza no solo de estar mejor, sino de ser mejor, es la transformación que llevaría al desarrollo humano pleno. Y esto solo sería posible si se dan la revalorización y el reconocimiento, lo que daría a la mediación transformativa un carácter particular y único en la relación y solución de conflictos con terceros.

En cuanto a la visión del conflicto, este modelo lo plantea como una oportunidad de crecimiento desde el punto de vista moral en dos dimensiones. 1) Sostiene que fortalece el yo cuando “la comprensión y el fortalecimiento de la capacidad humana para afrontar las dificultades… se comprometen con la reflexión, la decisión y la acción como actos conscientes e intencionales” (Idem, 130) y 2) supera los límites del yo al “experimentar y expresar interés y consideración por otros” (Idem, 130); de ahí los conceptos de fuerza y compasión.

Revisemos ahora los objetivos de este modelo: revalorización y reconocimiento. Ambos términos están relacionados con el concepto de éxito que, para la mediación transformativa se alcanza cuando las partes experimentan cambios que las mejoran como personas, a diferencia de otros modelos en los que el éxito se basa en ganar al otro, el lograr un acuerdo o quedar satisfecho.

Cuando las partes están en conflicto, confundidas, inseguras y sin idea de lo que hay que realizar para solucionar su disputa, a través de la mediación logran superar sus propias debilidades, calmarse, ver con claridad, sentirse confiadas y con la fuerza suficiente para empezar a tomar decisiones, es cuando inician a revalorizarse. Baruch y Folger (1996) distinguen varias revalorizaciones: por preferencia a las metas, cuando comprenden qué les importa y para qué y persiguen metas; de las alternativas, comprenden que existe una gama de alternativas de solución que pueden garantizar sus metas, deben tomar decisiones y responsabilizarse de ellas; de las habilidades, cuando desarrollan habilidades como escuchar, comunicar y analizar, argumentar y evaluar soluciones alternativas; de los recursos, cuando toman conciencia de los recursos que poseen para lograr sus metas y para comunicarse con la otra parte; y, con respecto a la decisión, adopta decisiones conscientes, es capaz de evaluar sus capacidades y limitaciones y las de la otra parte. Es entonces cuando “la parte ha fortalecido su yo a partir del proceso de autoconciencia y autodeterminación” (ídem, 138), pudiendo abordar otros conflictos con igual y mejor capacidad.

En un conflicto es normal y frecuente que las partes se sientan amenazadas y hasta agredidas por los intereses que creen que deben lograr y tienden a desarrollar conductas hostiles o al menos defensivas, negándose a ver las necesidades de la otra persona. El reconocimiento en el proceso de mediación tiene como objetivo hacer que las partes se muestren sensibles, atentas y empáticas entre sí. Las formas en que se da el reconocimiento son: la consideración, cuando se sabe con fuerza para resolver su propio conflicto, sin embargo, comprende que puede reflexionar, considerar y reconocer la situación del otro; deseo de otorgar, alienta su deseo de reconocer al otro al concentrar su atención en lo que está experimentando ese otro y procura, a través de su comportamiento, reconocer esa experiencia; es empático, piensa la conducta de la otra parte y trata de ver las cosas desde la perspectiva de esta otra parte; con la palabra, admite su nueva interpretación y lo comunica; reconoce con actos, decide promover cierta adaptación al otro por la forma en que ahora se ve el conflicto.

Algunas consideraciones de los autores respecto de lo anterior son: 1) que la mediación será exitosa en la medida en que las partes tomen conciencia de las oportunidades de revalorización y reconocimiento; 2) revalorizarse no significa igualarse en poder, controlar o influir el proceso o ser más fuerte respecto del otro; 3) reconocer no significa reconciliarse o tener que aclarar los propios intereses dependiendo del otro; y 4) los objetivos de la mediación transformativa, en tanto terapéuticos, no deben ser considerados como problemas o situaciones que deban evitarse, sino son nexos que deben llevarse a cabo en tanto su naturaleza transformadora.

Veamos ahora sobre el proceso de este modelo transformativo. Cuando éste se da, el mediador debe estar muy atento a las oportunidades que se le presenten para la revalorización y el reconocimiento entre las partes, es decir, cómo con la intervención del mediador y la interacción de las partes en ciertos momentos en los que se pueden producir ciertos movimientos, se va logrando el efecto transformador.

El proceso transformador en este modelo se da de la siguiente forma:

 

En conclusión, en este modelo el mediador deberá ser hábil para encontrar los momentos y efectuar los movimientos que él considere necesarios para lograr los objetivos de la mediación, en la que el acento no se pone tanto en el futuro en cuanto a la resolución de los conflictos o al logro de un acuerdo, sino en hacer conciencia en la necesidad de ser mejores personas aceptando modificar nuestro actuar y tener nuevos modos de interacción, que es el valor de este modelo.

3.3 Modelo Circular Narrativo. Este modelo fue creado por Sara Cobb en 1991, inventado a decir de Marines Suárez (2002), quien supone que el modelo surge de la contraposición de algo que se opone a su origen no siendo tampoco producto de una unión pacífica sino de una ruptura que da comienzo a algo. Sara Cobb, después de su encuentro con modelo de negociación según principios de Harvard y tomando los aportes de teorías como la sistémica, de la comunicación (Bateson, Watzlawick y otros), cibernética, de la narrativa, posmoderna del significado, entre otras, encuentra esa contraposición de la cual nace su modelo. Es justo mencionar que Marines Suáres, que aplica y ha retroalimentado este modelo, realiza un análisis profundo de la mediación circular narrativa en su obra Mediación. Conducción de disputas, comunicación y técnicas(2002), así como que no existe obra exclusiva de la autora del modelo sino artículos y apuntes de trabajo de sus cursos dictados.

En síntesis este modelo se orienta a buscar modificaciones en las relaciones de las partes en conflicto y también a buscar el acuerdo, lo que hace su diferencia con el modelo de la Escuela de Negociación de Harvard y el modelo de mediación transformativa. Se fundamenta en la comunicación circular, entendida como un todo que contiene a todas las partes en conflicto. Toma en cuenta el lenguaje digital, que es el contenido y el analógico, en donde considera la comunicación corporal. Cobb parte del axioma de que las partes no pueden no comunicarse.

El método utilizado por este modelo para llevar a las partes a la resolución de su conflicto considera varias situaciones dentro del proceso: aumentar las diferencias hasta determinado punto que no se conviertan en un caos pero que sí se manifiesten para que se flexibilicen y den paso a nuevas estructuras; legitimar a las personas para que cada uno tenga su lugar en la situación; cambiar el significado, que tiene que ver con cambiar la historia construida por las partes y que es la que llevan a la mediación y, por último, la creación de contextos según el caso de mediación, que tiene que ver básicamente con la cultura de las partes en conflicto.

Es importante señalar que tal vez la tarea más difícil para el mediador es lo relacionado con cambiar la historia construida por las partes, de donde habrá de resultar una historia alternativa que permita ver el problema desde otra perspectiva y no desde la historia particular que cada persona supone. En cuanto a la creación de contextos, se aplica más para ciertos tipos de mediación como la comunitaria, social o de política pública, y se refiere a establecer el contexto en el cual se trabajará la mediación. Si no se crea este contexto, no es aconsejable empezar el proceso.

La meta de este modelo es fomentar la reflexión sobre las historias, cambiar su significado, transformarla en una historia alternativa y lograr un acuerdo.

Es aplicable a todos los ámbitos porque busca mejorar las relaciones y también el acuerdo entre las personas en conflicto; sin embargo, para algunos ámbitos como el comunitario, el mediador debe realizar algunos ajustes en el proceso.

El proceso de este modelo circular narrativo en la sesión con las personas en conflicto sigue cuatro etapas (Munuera; 2007:90). Antes de describirlas, es importante mencionar que Marines Suáres (2002:207), en la práctica y retroalimentación que hace de este modelo, ha preferido llamar encuentro a lo que Cobb llama sesión, por considerar que la palabra sesión es un término psicológico y encuentro se apega más a lo que debe ocurrir dentro de una mediación.

Las cuatro etapas o reuniones de este proceso pueden desarrollarse en un solo encuentro o en varios, durar dos o más horas, e intercalar sesiones públicas o conjuntas y sesiones privadas o individuales. Se trabajan generalmente en co-mediación e, incluso cuatro mediadores de los cuales dos están con las personas en conflicto y los dos restantes en una retrocámara con espejo de visión unilateral.

Como en casi todos los procesos, existe una pre-reunión que se utiliza para dar a conocer a las partes información sobre el proceso, explicar y firmar el acuerdo de confidencialidad, el por qué se videograban las sesiones y la firma del acuerdo, los honorarios y el tiempo. Es muy aconsejable que se realicen sesiones informativas por separado y por persona diferente a los mediadores con las partes para cuidar que no se colonicen las narrativas, es decir, que se mantenga la narrativa primaria de las partes hasta que el mediador las conozca, porque en caso contrario, se inhibirían las posibilidades de crear alternativas de solución novedosas (Markus; 2009). En este modelo el equipo de co-mediadores sugiere que las dos o más partes en conflicto se hagan cargo en partes iguales de los honorarios, considerando que si lo hace una sola podrán crear desequilibrio de poder.

Primera etapa: reunión pública o conjunta. Participan todas las personas involucradas o enfrentadas en el conflicto y están en una misma sala con el o los mediadores. Se lleva a cabo el encuadre del proceso y se establecen las reglas de confidencialidad, el derecho de todos a hablar, a tener reunión privada o individual y pública o conjunta, no interrumpirse y el derecho de abandonar el proceso si así lo desea. Al interior de esta reunión recogen o “leen” analógicamente y recaban información valiosa de las personas; las dejan que elijan donde sentarse, lo hacen en sillas sin mesa para poder ver los movimientos corporales completos. Se explica el porqué de videograbar los encuentros y se informa acerca de los beneficios de la mediación, momento en el que los mediadores, convencidos de ello, en una no imparcial comunicación asumen una posición que les lleva a crear un contexto de esperanza, que a su vez facilita la resolución de su disputa (Suáres: 2002:214).

En esta primera reunión también se habla de las alternativas de las partes para solucionar su problema, haciendo hincapié en que este problema es de todo el grupo y dando inicio a la circularidad para buscar lograr tres cosas: dejar claro que el problema es de todos y crear un contexto compartido, que la tarea de resolver el problema es de las partes, es decir, ellos serán los protagonistas y resolver el problema, tal vez no todo el conflicto.

Segunda etapa: Ésta es una reunión privada o individual que generalmente se inicia con la persona que contactó para ir a mediación y a la cual se le pregunta por qué quiso ir y cuál es para ella el problema. Entonces el o los mediadores obtienen su versión y se abren a la posibilidad de que haya versiones diferentes en las otras partes. En este momento ya se constituyó el sistema mediación, que se forma del subsistema partes y el subsistema equipo de mediadores, que surge como producto de contar la historia al mediador en un contexto diferente (Teoría de Sistemas). El mediador debe tomar en cuenta que si las historias son distintas por cada parte, ello no significa que alguien miente, sino que cada una la construye desde su punto de vista y la observa diferente (Teoría del Observador).

Al comenzar las partes sus narraciones en algún punto o momento de su vida (Axiomas de la comunicación), tienen la posibilidad de posicionarse positivamente y posicionar al otro negativamente; sin embargo, quien medie puede preguntar qué sucedía antes de… (el momento de vida), que ayudaría a reposicionar a las partes positivamente (Terapia Familiar). El mediador debe estar atento a las narrativas o historias que denuncian temas valiosos porque éstos serán uno de los pilares sobre los que se construyan nuevas narrativas (Teoría del Construccionismo Social y Teoría de la Narrativa).

Entonces, la narrativa, que es el núcleo de este modelo, ayuda a ubicar en el tiempo, a ubicar personajes y roles, a detectar temas valiosos y pilares, a declarar principios, a registrar recursos que ponen en riesgo y a detectar palabras clave que están llenas de carga afectiva. Todo lo anterior debe tomarse en cuenta por el mediador o equipo de mediadores para saber si entendió bien las historias o narrativas, que las partes sientan que fueron escuchadas y atendidas, si fueron expresados con claridad los objetivos, se investigan las opciones intentadas y cuáles han sido las contribuciones de cada parte.

Tercera etapa: reunión interna o de equipo. Ésta es una reunión de oportunidad para el equipo de mediadores, en la cual podrán reflexionar sobre las historias escuchadas, compartir puntos de vista, analizar sus semejanzas y diferencias, revisar el posicionamiento e intenciones de las partes, cómo se redefine e interrelaciona el subsistema partes y cuál ha sido su reacción con el subsistema equipo de mediadores en las intervenciones.

Es también el momento de trabajar sobre la historia o narrativa alternativa. Se debe realizar teniendo en cuenta todas las reflexiones anteriores, haber realizado un posicionamiento positivo de las partes, plantear los pros y contras o posibles momentos de dificultad y prever si esta nueva historia pudiera ser cuestionada por las partes. La narrativa alternativa no es más verdadera que las otras; es solamente una forma diferente, más amplia, de ver el conflicto” (Suáres; 2002:228).

Cuarta etapa: pública o conjunta. Es para todos los sistemas, es decir, participan como al principio todas las partes y el o los mediadores en un mismo encuentro. A diferencia de las dos primeras etapas, que son informativas y de una tercera, que es reflexiva y para los mediadores, en esta cuarta se espera que se den “las mayores recontextualizaciones en la relación entre las partes y en la forma de comprender y visualizar el problema definido en el comienzo del proceso” (Suáres; 2002:229). Es el momento también de trabajar hacia el acuerdo.

La meta de este encuentro en esta cuarta etapa es que las partes recorran el proceso, en el cual después de varios encuentros se llegue a un acuerdo que resuelva la disputa. Los pasos a dar son: 1) ofrecer la historia alternativa, que no indica qué hacer sino que es útil para cambiar la perspectiva, reencuadrarla y recontextualizarla, que ellos tenían sobre la situación de conflicto. 2) Construcción del acuerdo, que después de escuchar la historia alternativa e interactuando entre ellas o con el mediador, las partes comiencen a ofrecer opciones de resolución. Debe apreciarse la flexibilidad y la capacidad creativa producto de lo que cada parte trae como opción.

El mediador o equipo deben tener cuidado en no regresar a posicionamientos negativos, a cómo se expresen las diferencias que necesariamente han de ventilarse, hablar sobre las consecuencias y cuidar que las opciones necesariamente sean buenas para ambas partes. 3) Formas de escribir los acuerdos, que pueden concretarse verbalmente y después redactarse solo con el equipo de mediación, volver a leerlos y hacer las modificaciones que las partes consideren para luego firmarlos o irlos escribiendo y revisando junto con las partes. En ambos casos debe cuidarse que las partes queden legitimadas, posicionadas positivamente, haya claridad, las conductas sean observables, definir los acuerdos como temporarios, establecer criterios para evaluar su cumplimiento.

Las técnicas más frecuentemente utilizadas por los mediadores en este proceso son el reencuadre, preguntas circulares, parafraseo, connotaciones positivas, legitimación, calibración, entre otras.

En conclusión, debe destacarse que este modelo no es solo la adaptación de Sara Cobb de técnicas narrativas o terapéuticas y otras ciencias a un proceso, sino que éstas enriquecen la práctica de la mediación al abordar las relaciones familiares o en otro contexto desde una perspectiva más profunda y científica en las cuales el relato no está únicamente ligado a la literatura, sino además de ser terapéutico (Garrido y Munuera; 2014:153) agregaría, cumple una función mediadora. Ante ello debe también considerarse que el mediador que lleva a la práctica este modelo debe estar en conocimiento y muy preparado de las corrientes que lo fundamentan, así como cuidar que su propia formación no influya ni el los mediados ni en la narrativa alternativa, tomando en cuenta a Sluzky (1995), quien menciona que en cada caso la historia se construye entre el terapeuta y las partes, en este caso el mediador.

Cabe mencionar que en su libro Speaking of violence (2013), Cobb introduce algunas novedades en el marco teórico y en el proceso, el cual ahora consta de tres sesiones: conjunta, privada con ambas partes y conjunta y cinco giros: legitimación, deslegitimación, creación de narrativa independiente circular o irónica, proyección a futuro a través de preguntas circulares y anclaje de la nueva narrativa. Con esto, Cobb refuerza su crítica al papel neutral del mediador (Ídem, 159).

3.4 Modelo de Mediación Asociativa y Cambio Social. Este modelo, que es ambicioso y extenso, se fundamenta en la filosofía existencialista (Nietzsche y de Max Scheler) y en la psicología humanista, la comunicación y el derecho, porque persigue la comprensión de cualidades y valores y el desarrollo de habilidades para facilitar el diálogo y convivir en armonía, pero bajo la premisa de que cada ser humano con la autonomía de su voluntad, decidirá actuar y relacionarse de forma armónica, fraterna, solidaria, empática, amorosa con las personas que le rodean, para propiciar resolución de conflictos mutuamente benéfica, comunidades pacíficas, respeto a la dignidad y derechos de las personas.  Ve la luz en el año 2010, cuando sus autores, Jorge Pesqueira Leal y Amalia Ortiz Aub (fallecida en 2013), lo concretan en una primera edición como producto de la práctica de mediación de más de una década, tanto en el diseño curricular, la impartición de programas de formación como en mediaciones realizadas en varios ámbitos. Ellos dos, junto con el equipo de instructores y mediadores del Instituto de Mediación de México, ubicado en Hermosillo, Sonora, habían incursionado en todos los modelos anteriormente descritos, sin embargo, la inquietud de Jorge y Amalia iba más allá del acuerdo o la conservación de relación entre las partes; deseaban generar un modelo que propiciara todo lo de los otros modelos y además abonara al crecimiento y desarrollo pleno de los protagonistas en conflicto, que aportara con la forma de conducción de cada uno y la suma de todos, a construir relaciones duraderas y espacios pacíficos, cordiales, armónicos en la familia, la escuela y el barrio.

Lo anterior se visualizó posible si se contaba con un mediador muy fortalecido que en el marco de un proceso de mediación hiciera comprender y emerger las cualidades positivas de los protagonistas, les ayudara a desarrollar habilidades socio cognitivas, a dialogar apreciativa, restaurativa y asociativamente, apostando a que podrían lograr acuerdos mutuamente benéficos, construidos por ellos mismos, el nacimiento o transformación de la relación por una duradera y proactiva y a propiciar la difusión de formas de resolver los conflictos poniéndose en el lugar del otro, siendo asertivo, solidario, compasivo, entre otras habilidades, y privilegiar el dialogar antes que el pelear.

Sin embargo, es importante reconocer que este modelo de mediación resulta sumamente ambicioso si pretendemos que se puede lograr en la persona todo lo anterior solo por el hecho de que asista a un proceso de mediación buscando orientación para resolver un conflicto; es entonces cuando emerge del propio modelo la trascendente necesidad de que los mediados lleven a su casa, su escuela, su lugar de trabajo y su comunidad o barrio, lo aprendido, es decir, tengo un conflicto, comprendo mis cualidades, puedo convertirlas en habilidades, puedo dialogar, pienso en el otro, le invito a sumarse a mis posibilidades y juntos, construimos una solución que nos comprometa y beneficie a ambos.

Como resultado de lo anteriormente descrito, se resalta que el modelo también busca propiciar el cambio social, o que al no quedarse los mediados con la sola intención de resolver sus conflictos, sino con otras habilidades desarrolladas, promueve y coadyuva al cambio social al generarse todo un entorno en el que los seres humanos aprendemos a convivir y a transitar de una cultura de la violencia a una cultura de la paz y elijamos como forma de resolver nuestras diferencias, a la mediación.

En ese tenor, la mediación asociativa se define como (Pesqueira y Ortiz, 2012:233):

“Proceso vivencial en el que los protagonistas del conflicto guiados por un tercero experto, descubren y comprenden sus cualidades positivas y desarrollan habilidades socio cognitivas para sinérgicamente y en el contexto de su relación fortalecerla y alcanzar autocompositivamente beneficios mutuos”.

En cuanto a su finalidad, es lograr que en las relaciones humanas se logre el entendimiento y la armonía entre sus protagonistas; busca primordialmente fortalecerlas, aun cuando éstas sean circunstanciales. Además, promueve que los acuerdos se den en el contexto de situaciones relacionales, promueve la sinergia de los poderes de los mediados para sustituir el tú y el yo por un nosotros y desde ahí se construyan soluciones mutuamente benéficas.

Busca también hacer emerger la condición del ser humano considerando que nace con cualidades intrínsecas o valores, partiendo de que éstos no existen por sí mismos, pero están en el ser humano y emergerán si los comprende y los desarrolla como habilidades.

Entonces, al ser un proceso vivencial, posibilita a los mediados para desarrollar habilidades adquiridas en lo cotidiano, lo que a su vez permite que se practiquen diálogos en el contexto de negociaciones que el mediador asociativo orientará.

Su fundamentación es que todos los seres humanos somos intrínsecamente bondadosos y por ello, nos son inherentes cualidades positivas, lo que nos hace actuar con nosotros mismos y con los demás de forma pacífica y respetando los derechos fundamentales. También reconoce que poseemos cualidades negativas, mismas que pueden ser inhibidas al desarrollarnos en un contexto asociativo.

En su núcleo, la mediación asociativa hace que la bondad que poseemos nos vuelque hacia la comunión con nuestros iguales y nos hace sentir corresponsables de lo que les pase cuando hacemos o dejamos de hacer algo. Es así como los mediados se convierten en guardianes de las cualidades positivas y actores de las habilidades sociocognitivas.

Su método posee un eslabón crucial que es el diálogo, a través del cual se puede reformular la relación de los protagonistas y la visión del conflicto pudiendo encontrar las posibilidades positivas frente a éste.

La meta es fortalecer las cualidades esenciales del ser humano para favorecer el desarrollo de habilidades específicas que potencialicen la condición humana del ser en cuanto a ser social. Favorecer el desarrollo de principios como la dignidad, la autonomía de la voluntad, la vivencialidad, la corresponsabilidad, la co-construcción y el aprendizaje.

Hablemos ahora de su proceso. Consta de tres etapas y seis ciclos, en los cuales el mediador busca que los mediados comprendan sus cualidades, aprendan a dialogar, desarrollen habilidades socio cognitivas a través de la aplicación de técnicas y de habilidades comunicacionales, en aras de poder co construir la solución a su conflicto. Además, es un proceso creativo donde todos llegan a sus propios descubrimientos en función de clarificar el panorama hostil del conflicto (Pesqueira y Ortiz; 2010:319).

En cuanto al rol del mediador del proceso asociativo, éste debe haber desarrollado y contar con experiencias de crecimiento que lo hagan considerarse como un agente pacificador del conflicto y a la vez calibrador de sus efecto guiando a los mediados a que, desde su historia y relación, logren vivir sus emociones, la transformación positiva de su visión, el significado e interpretación de lo ocurrido para contribuir al desarrollo de destrezas y mejorar su comunicación.

Las tres etapas, aunque parecieran lineales, son sistémicas porque generan de manera integrada y circundante un conjunto de microprocesos que a su vez originan cambios importantes en la convivencia que hacen tomar conciencia de sí mismo y de los demás.

Antes de la primera etapa, este modelo describe el uso de un elemento para dar anuencia de hablar a los mediados, para evitar que interrumpan o ser interrumpidos cuando están en el uso de la voz. Dicho elemento se denomina Ubuntu y otorga el Don del verbo, mismo que irá traspasando el mediador entre los mediados en tanto no surja la sinergia, es decir, se interactúe desde el nosotros, dejando de lado la individualidad.

La primera etapa o de convocatoria tiene como objetivo establecer el primer contacto de atención y cobijo. La estrategia para convocar es diversa, depende de si la mediación la solicita una o el conjunto de los protagonistas del conflicto, de si el mediador aparece en escena porque actúa en espacios de convivencia donde se generan conflictos o porque los protagonistas son remitidos por alguna institución al proceso.

En esta etapa el mediador escucha atenta y pacientemente a cada protagonista para extraer elementos para evaluar el desarrollo de cualidades y habilidades socio cognitivas, lo que le permitirá suponer cómo será el contacto con el otro protagonista. Analizará los ingredientes del conflicto y observará el lenguaje verbal y no verbal. Esta información le servirá para saber qué cualidades y habilidades requieren ser reforzadas y estimar la creación de un vínculo entre los protagonistas. Por su parte, el mediador utilizará en el proceso sus conocimientos y habilidades para detonar la disposición a participar. Una vez que se ha depositado la confianza en el mediador y se ha mostrado deseo de participar, esta etapa se da por concluida.

Segunda etapa o premediación. Tiene como objetivo vencer la posible resistencia al diálogo y acordar con los protagonistas reunirse, comprender la naturaleza, el propósito y lineamientos para la conducción del proceso asociativo. Es también el momento de interactuar y escuchar las versiones de cada quien para que expresen su visión emocional, su significado en el conflicto, rescatar los hechos para que perciban posibilidades; resaltar la importancia de las cualidades en el proceso de diálogo, la pertinencia de las habilidades sociocognitivas para encontrar soluciones, el valor de las relaciones preexistentes, la importancia de la suma de poderes y la sinergia durante la interacción y el impacto de los acuerdos mutuamente benéficos en las relaciones interpersonales.

Se aborda además, la información detallada del proceso, qué esperar y que no para evitar confusiones y faltas expectativas. Se celebra el convenio de participación, que legitima al mediador asociativo, se informa sobre la confidencialidad y se resaltan los valores inherentes al proceso como respeto, verdad y buena fe.

En una siguiente reunión se explican los principios de la mediación asociativa, la importancia de firmar un convenio que contiene la voluntariedad en el proceso, autorización al mediador para convocar a reuniones privadas, la aprobación al mediador para orientar a las partes al uso de cualidades positivas y empleo de habilidades sociocognitivas, la disposición para abordar el conflicto en el contexto de la relación, procurar interactuar produciendo sinergia y a cuidar el reconocimiento a la dignidad intrínseca y el respeto a los derechos humanos.

La tercera etapa o apertura de los ciclos. Su objetivo es generar confianza durante el proceso y buscar que se acepte el reto de crecer, construir y compartir juntos un rumbo hacia el futuro. En esta etapa se considera a “la comunicación en todo su espectro, como un sendero hacia la paz” (Pesqueira y Ortiz, 2010: 344), razón para reflexionar y contribuir a la proyección individual y social para la consecución de metas comunes y fortalecer poderes de los protagonistas.

Ciclo de iniciación. Su objetivo es establecer condiciones para el compromiso y la responsabilidad mutua y favorecer la integración, la aceptación y la solidaridad de significados. El mediador retoma los aspectos tratados en la reunión anterior para reafirmar que cada aspecto que se comunique coincida con el estado de los mediados y sus perspectivas. Aquí se establece el eslabón para la sinergia desde el compromiso y la responsabilidad y se prepara para desarrollar las habilidades fraternidad, solidaridad y cooperación de la triada prosocial y se presenta el Ubuntu; se inicia el diálogo, que tal vez en sus inicios sea sobre el pasado y con afrentas. El mediador debe estar atento a que se clarifique e identifiquen desde los intereses mutuos para equilibrar, provocar simbiosis entre los protagonistas.

Ciclo del relato. Busca que se expresen las emociones y se transmita información apreciativamente que restaure, sane y represente el inicio de una nueva relación. Se promueven acciones y se resignifica de forma especial los cambios de las personas y de la relación. Aquí cada protagonista expone del conflicto la forma en que lo vive y lo que hace desde una determinada visión. En este ciclo se realiza una agenda que planifica el mapa de la relación tomando en cuenta que 1) cada ser es único, 2) existe la oportunidad de generar cambios, 3) cada persona es libre pero también es responsable de lo que siente, dice y hace, 4) deben reconocerse los límites y superar los obstáculos y 5) que somos seres sociales.

Ciclo de aquiescencia e ilustración. Su objetivo es que los protagonistas descubran sus cualidades positivas para que una vez identificados sus intereses comunes reafirmen su propio valor y adquieran poder frente al conflicto. Se buscan los puntos de coincidencia para de forma conjunta abordar los conflictos que han de solucionarse. Se crea la atmósfera para reconocer y valorar la disposición y voluntad de resolver el conflicto desde su origen y orientarse al futuro, de dialogar, de cambiar.

Ciclo de la invitación. El objetivo es tratar los temas profunda y sensiblemente para facilitar las posibilidades de un arreglo. La sinergia generada en los ciclos anteriores se aplica creativamente a buscar alternativas de solución y beneficio mutuo, de tal forma que el mediador asociativo va disminuyendo su participación para dar paso a los protagonistas.

Ciclo de la estipulación. Orientar a los protagonistas al acuerdo, quienes asociativamente generan y aceptan condiciones, derechos y obligaciones en mutua asociación. Los protagonistas en una relación determinada, “realizan una tarea de diálogo especial, en un contexto seguro y apropiado, abren la posibilidad de cambiar del enfrentamiento a la cooperación”. Este cambio facilita establecer acuerdos mutuamente beneficiosos. Estos acuerdos están caracterizados por acciones comportamientos y actitudes que los mediados aprendieron en el proceso de unidad, confianza, solidaridad, cooperación y fraternidad.

Ciclo de seguimiento y alcance. Se refiere a lograr retroalimentación de dos vías y refuerzo a los protagonistas para reconocer los progresos alcanzados en tiempo y forma. Se propone seguir por un tiempo razonable, el desarrollo de los compromisos y acuerdos y evaluar la aplicación de la mediación asociativa. Se invita a los protagonistas del conflicto a regresar al proceso cuando surja un nuevo conflicto o para compartir sus avances y experiencia.

Como los procesos de los modelos anteriores, la mediación asociativa hace uso de técnicas tales como reformulación, reencuadre, autoexpresión, escucha activa, orden y secuencia, generalización, lluvia de ideas, confrontación y preguntas y de las siguientes habilidades comunicacionales: diálogo interior y representación asociativa del mensaje, fusión asociativa de historias: de la persona y la relación, observación del conflicto desde la convivencia asociativa, evolución asociativa de las cualidades positivas y las habilidades socio cognitivas, potencialidad para gestionar constructivamente el conflicto, concepción asociativa de la realidad y del deber ser, habilidad para generar sinergia, apertura creativa del encuentro asociativo, interrupción positiva, abrir el espacio de comunicación y diálogo asociativo, asertividad asociativa, empatía asociativa, escucha creativa y reflejo apreciativo.

En conclusión, este modelo busca hasta ahora que las partes tomen conciencia del otro, se asocien con él, hagan sinergia y dejen de ser tú y yo para ser nosotros, de la habilidad para construir espacios pacíficos de convivencia, además de la resolución del conflicto y de la búsqueda de acuerdos con garantía de mutuo beneficio y cumplimiento. Ello requiere de un mediador muy fortalecido, cuyo perfil normal de mediador se vea enriquecido con lo que los autores denominan poderes: del diálogo, tolerancia, resiliencia, bondad, paz, concordia, empatía, espiritualidad, serenidad, aprecio, comunión y del perdón.

  1. La mediación como instrumento de cambio social.

Mucho se ha escrito sobre la mediación, de las transformaciones que ha manifestado su práctica y con ello la retroalimentación de su teoría, de los diversos caminos que se han diseñado para resolver los conflictos -tales como los cuatro antes expuestos-, en ocasiones a través de un proceso formal y en otras no tanto. Sin embargo, desde el momento en que las partes en conflicto voluntariamente aceptan tener un encuentro y sentarse a dialogar para construir una solución, podemos hablar de cambio social. Tal vez en una primera instancia, cambio individual, pero que a la postre se reflejará en las instancias socializantes del ser humano: la familia, la escuela y la comunidad, coadyuvando con ello a cambiar las estructuras de comportamiento y convivencia que en su momento les llevaron a entrar en conflicto y con ello, a ser partícipes de la descomposición social.

La mediación, a decir de Suares (2002) considera que los seres humanos podemos resolver nuestros conflictos de forma efectiva, a través de ella salimos de la capacidad empantanada que obstaculiza hacerlo, en parte si visualizamos el conflicto como oportunidad para crecer y evolucionar, siempre que seamos colaborativos, lo que a la vez estimula la creatividad para proponer soluciones. La mediación, en su proceso, está ligado a la necesidad de cultivar y mantener ambientes de trabajo muy colaborativos (Barker y Domenici, 2000). La mediación y otras metodologías pueden favorecer el diálogo y proveer destrezas para la resolución de situaciones conflictivas (Schnitman; 2000). Entonces, podemos concluir que mediar puede provocar estados en los que las personas en conflicto resolvamos nuestras diferencias por vía colaborativa y pacífica, en lugar de por pleitos en juzgados o posturas de ganar perder de forma absoluta.

En los cuatro modelos anteriores, la mediación logra un cambio en las personas en conflicto, es innegable; Boqué (2003) sustenta su defensa de la mediación en la urgencia de que el cambio social se opere en la fibra humana. Un cambio de menor o mayor profundidad en relación con el desarrollo pleno, por ejemplo: Fisher y Ury (2002) opinan que con la negociación asistida pueden lograrse acuerdos amistosos, aunque no privilegian la relación duradera; Baruch y Folger (2000) hablan de la transformación a través de la revalorización y el reconocimiento para crecer moralmente; Cobb, considera que pueden construirse historias alternativas, en la que las partes se reacomodan y reinventan para lograr asumir nuevos roles y mejores relaciones entre sí; Pesqueira y Ortiz (2010) hacen una extensa explicación en su modelo de que las personas podemos comprender nuestras cualidades, desarrollar habilidades y ponerlas al servicio de los demás.

La práctica de la mediación, sea cual sea su modelo, ha sido benéfica. Siempre que un tercero neutro e imparcial ha intervenido para orientar a otros a encontrar la solución a un conflicto ha habido aprendizaje. Desde el modelo lineal, que se preocupa por el acuerdo hasta el modelo asociativo, que pretende el cambio social, el aprendizaje es que los conflictos pueden solucionarse cuando se abordan por el método adecuado; los protagonistas de un conflicto cuando somos mediados aprendemos que en ocasiones se gana y en otras se aprende. Hemos aprendido a resolver conflictos, aunque en ocasiones haya sido necesaria la terapia alterna o el reconstruir nuestras historias, y como resultado hemos crecido como personas, aprendido a pensar en el otro, a actuar junto con el otro obteniendo más beneficios mutuos y a propiciar un cambio social con nuevas actitudes, que es lo que las familias, la escuela y el barrio necesitan.

Cualquiera de estos modelos abona al crecimiento moral, fortalece el respeto y la consideración al otro, prepara para enfrentarlos de forma eficaz provocando con ello el cambio social tan necesario en estos tiempos convulsos.

 

 

REFERENCIAS

  1. Barker, R. J. y Domenici, Kathy L. (2000) Prácticas de mediación para equipos generadores de conocimiento en Resolución de Conflictos, Nuevos Diseños, Nuevos Contextos de Schnitman D. F. y Scnitman J. Compiladores. Ediciones Granica, Argentina.
  2. Baruch, R. A. y Folger, J. P. (1996) La promesa de mediación: Cómo afrontar el conflicto a través del fortalecimiento propio y el reconocimiento de los otros. Ediciones Granica, Argentina.
  3. Boqué Torremorell, M. C. (2003) Cultura de mediación y cambio social. Ed. Gedisa, España.
  4. Fisher R., Ury W. y Patton B. (2002) Obtenga el $í: El arte de negociar sin ceder. Ed. CECSA, México.
  5. Fisher R., Ury W. y Patton B. (2008) Sí… ¡de acuerdo!: cómo negociar sin ceder. Grupo Editorial Norma, Santiago de Chile.
  6. Folger, J. P. y Baruch B. R. A. (2000) La mediación transformadora y la intervención de terceros: los sellos distintivos de un profesional transformador. En D. Fried Schnitman (comp.) Nuevos paradigmas en la resolución de conflictos (pp 17-40) Ediciones Granica, Argentina.
  7. Garrido Soler S. y Munuera Gómez P. (2014) Contra la neutralidad. Ética y estética en el modelo circular-narrativo de mediación de conflictos. En la Revista Telemática de Filosofía del Derecho. No. 17, pp 139-166. España.
  8. Markus, Miriam. (2009) La narrativa en las mediaciones acerca de las intervenciones del mediador. tomado de http://www.oocities.org/~suares/Publicaciones/NarrativaMiriam.htm
  9. Moore, C. (1995) El proceso de mediación: métodos prácticos para la resolución de conflictos. Ediciones Granica, Argentina.
  10. Munuera, P. (2007) El modelo circular narrativo de Sara Cobb y sus técnicas. Portularia Vol. 7, núm. 1-2, pp 85-106.
  11. Nató, A. y Rojas R. C. (2008) Geografía del conflicto: claves para decodificar la confrontación social y política. Plural Editores y Fundación UNIR Bolivia.
  12. Schnitman, F. D. (2000) comp. Nuevos paradigmas en la resolución de conflictos: perpectivas y prácticas. Ediciones Granica, S. A. Argentina.
  13. Suares, M. (2002) Mediación. Conducción de disputas, comunicación y técnicas. Ed. Paidós Mediación, Argentina.
  14. ———– (2002) Mediando en Sistemas Familiares. Ed. Paidós Mediación, Argentina.
  15. ———– (2009) El espejo de los mediadores. Ed. Paidós Mediación, Argentina.
  16. Sluzki, C. (1995) Transformaciones: una propuesta para cambios narrativos en psicoterapia.

[i] Laura Isabel Quiroz Colossio es psicóloga clínica, especialista en Derecho y Psicología de la Familia y, en Orientación Educativa y Tutorías y Maestra en Desarrollo Educativo. Tiene 26 años dedicándose a la docencia con adolescentes y 15 años como diseñadora de programas e instructora del Instituto de Mediación de México, S. C. Ha participado en diversos congresos nacionales y mundiales de Mediación como instructora de talleres y conferencista magistral desde el año 2001.


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